
El tercer álbum de los británicos es una obra magistral repleta de toques clásicos, casi barrocos, con una peculiar e inquietante capa de obscuridad presente en cada tema. La duración por canción (más de 5 minutos en promedio) y su extraño grado de belleza logrado solo por su alta tasa de experimentación, hacen que sea un disco medianamente exigente pero altamente disfrutable. Escuchar cosas así en estos días es un placer que debe ser aplaudido.